Táctica y Estrategia (y III)
Estas tácticas se ven apoyadas y azuzadas desde hace tiempo por una serie de medios de comunicación afines a las ideas del Partido Popular.
El diario de Pedro J. Ramírez fue uno de los artífices de la caída en desgracia de Felipe González a mediados de los 90. Desde aquel momento El Mundo ha llevado una línea de seguidismo hacia los postulados que ha emitido el PP, más moderados en su espejismo de “viaje al centro”, autoritarios en el “aznarato” y basados en el rumor y la descalificación en los últimos dos años.
La COPE ha ido más allá. Su línea editorial rayana a la extrema derecha ha hecho que el resto de medios de comunicación excepto (claro está) El Mundo, hayan dado un toque de atención a la cadena de los obispos para que moderen su tono y su mensaje. Al dejar de ser una cadena “informativa” a intentar influir en la opinión pública ha conseguido arrogarse cierta audiencia de extrema derecha que todavía queda en España por desgracia, pero también ha perdido una importante cantidad de oyentes por la parte más moderada, cansados del discurso apocalíptico e incendiario de sus comunicadores, encabezados por Jiménez Losantos. Al comprobar que tiene un techo claro de audiencia con este tipo de línea, el siguiente paso ha sido intentar desacreditar el sistema de medición de audiencias, para así manipular a su antojo las mismas, lo que ha llevado a la gran mayoría de medios de comunicación, preocupados por las consecuencias económicas que puede reportar el dinamitar el sistema por el que se reparte la inserción publicitaria por la que sobrevive todo medio de comunicación, a pedir a la Justicia que actúe contra este tipo de prácticas poco éticas.
Por su parte, el medio tradicional referente de la derecha, el ABC, aún apoyando ideológicamente ciertas premisas del Partido Popular ha decidido desmarcarse del discurso de la COPE, tomando las riendas por fin de su línea editorial, condenando las prácticas manipuladoras y saboteadoras de la cadena de radio y desmintiendo con informaciones los bulos y rumores publicados por El Mundo. Esto le ha llevado a su director Zarzalejos, un rabioso ataque por parte de Jiménez Losantos, que erre que erre fomenta el “conmigo o contra mí” permanentemente.
Esta toma de posición por parte del ABC puede reportarle grandes beneficios por varias razones: por un lado, a nivel ético sus profesionales pueden respirar tranquilos puesto que no van a seguir al rebufo de aquellos a los que no les importa destrozar la convivencia con tal de apoyar determinadas ideas políticas. Por otra parte, pueden encontrar un nuevo nicho de público entre aquellos indecisos que intentan comparar las informaciones entre los medios afines a la izquierda y los medios conservadores, convirtiéndose en un medio fiable y, sobre todo, creíble. Por último, se convierte en el adversario serio de la principal publicación periódica a nivel nacional “El País”, regresando así el statu quo mediático anterior a la crispación en la prensa escrita.
El diario de Pedro J. Ramírez fue uno de los artífices de la caída en desgracia de Felipe González a mediados de los 90. Desde aquel momento El Mundo ha llevado una línea de seguidismo hacia los postulados que ha emitido el PP, más moderados en su espejismo de “viaje al centro”, autoritarios en el “aznarato” y basados en el rumor y la descalificación en los últimos dos años.
La COPE ha ido más allá. Su línea editorial rayana a la extrema derecha ha hecho que el resto de medios de comunicación excepto (claro está) El Mundo, hayan dado un toque de atención a la cadena de los obispos para que moderen su tono y su mensaje. Al dejar de ser una cadena “informativa” a intentar influir en la opinión pública ha conseguido arrogarse cierta audiencia de extrema derecha que todavía queda en España por desgracia, pero también ha perdido una importante cantidad de oyentes por la parte más moderada, cansados del discurso apocalíptico e incendiario de sus comunicadores, encabezados por Jiménez Losantos. Al comprobar que tiene un techo claro de audiencia con este tipo de línea, el siguiente paso ha sido intentar desacreditar el sistema de medición de audiencias, para así manipular a su antojo las mismas, lo que ha llevado a la gran mayoría de medios de comunicación, preocupados por las consecuencias económicas que puede reportar el dinamitar el sistema por el que se reparte la inserción publicitaria por la que sobrevive todo medio de comunicación, a pedir a la Justicia que actúe contra este tipo de prácticas poco éticas.
Por su parte, el medio tradicional referente de la derecha, el ABC, aún apoyando ideológicamente ciertas premisas del Partido Popular ha decidido desmarcarse del discurso de la COPE, tomando las riendas por fin de su línea editorial, condenando las prácticas manipuladoras y saboteadoras de la cadena de radio y desmintiendo con informaciones los bulos y rumores publicados por El Mundo. Esto le ha llevado a su director Zarzalejos, un rabioso ataque por parte de Jiménez Losantos, que erre que erre fomenta el “conmigo o contra mí” permanentemente.
Esta toma de posición por parte del ABC puede reportarle grandes beneficios por varias razones: por un lado, a nivel ético sus profesionales pueden respirar tranquilos puesto que no van a seguir al rebufo de aquellos a los que no les importa destrozar la convivencia con tal de apoyar determinadas ideas políticas. Por otra parte, pueden encontrar un nuevo nicho de público entre aquellos indecisos que intentan comparar las informaciones entre los medios afines a la izquierda y los medios conservadores, convirtiéndose en un medio fiable y, sobre todo, creíble. Por último, se convierte en el adversario serio de la principal publicación periódica a nivel nacional “El País”, regresando así el statu quo mediático anterior a la crispación en la prensa escrita.

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